18/07/2016 - Leído 20075 veces

NIDO VACÍO

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NIDO VACÍO



El síndrome del nido vacío hace referencia a la complejidad de emociones y sentimientos negativos que  pueden darse en los padres cuando los hijos se marchan del hogar. Sentimientos de tristeza, abandono, soledad, irritabilidad, inutilidad, hasta pérdida del sentido de la vida. Este fenómeno está atravesado por el contexto sociocultural y por la dinámica en la trama vincular de la pareja y familia.

Los hijos se apartan de la casa en pro del desarrollo personal, la madurez sexual, la independencia económica y el fortalecimiento de la personalidad. Y, cuando ello acontece, los padres quedan con lo que se ha dado en llamar el síndrome del ¨NIDO VACÍO¨. En ese momento, una reacción posible sería la de sentir que ya se cumplió la misión de darles educación, crianza, casa, comida y mucho más. Pero el sentimiento puede ser más complejo. Cuando la crianza de los hijos es el único proyecto vital de la mujer o el hombre y cuando hay dificultades en el acompañamiento, en la evolución de los hijos, la ída del hogar irrumpe sorpresivamente como un acto de abandono, explica la psicóloga Graciela Hernández, profesora del taller “Las cosas del vivir”.  La especialista agrega que este síndrome puede ocurrir en forma simultánea con la aparición de la menopausia en la mujer o andropausia en el hombre y también con el acercamiento a la edad jubilatoria.

En la actualidad, afirma la psicoanalista, la identidad de la mujer no está cimentada sólo en la maternidad, va mucho más allá, ejerce diversos roles que compatibilizan con su función materna y tiene más recursos para afrontar el síndrome del nido vacío y reducir su impacto, además, la crianza de los hijos es asumida hoy en forma más equilibrada por madre y padre, por lo tanto, si bien el síndrome predomina en mujeres también se da en hombres. Es clave contar con nosotros mismos y que buscar cuáles son las cosas que nos gustan, qué disfrutamos hacer y como dice la escritora Virginia Woolf, que encontremos nuestros ¨cuarto propio”.

La expresión “síndrome del nido vacío” fue acuñada en la década de 1970 por Rose Oliver y hacía referencia al sentimiento de soledad y abandono que experimentaba la mujer que se dedicó con exclusividad a la crianza de los hijos y a ser ama de casa.  Su aparición  se da cuando las mujeres comienzan a dejar sus casas paternas no para casarse, sino para prepararse e independizarse. Aquí se produce un gran cambio, porque en las décadas de 1940 o 1950, el paradigma de una mujer era casarse y tener hijos, a partir de los 70,  tener hijos ya no era lo único importante en la vida, comenzó a imperar el modelo de desarrollo integral de la mujer. 

Entre los síntomas que pueden aparecer tanto en la madre como en el padre cuando los hijos se marchan se encuentran: trastornos del sueño, irritabilidad o somatizaciones (cuando el cuerpo expresa las palabras no dichas).  La partida del hogar de los hijos podría ocasionar una crisis en la pareja, sobre todo si se han privilegiado los roles maternos y paternos dejando de lado la relación de pareja.

Esta crisis puede verse como un peligro para  la pareja, ya  que ha dejado de tener su función exclusiva como padres,  experimentando erróneamente la sensación de abandono de los hijos que parten a hacer su propia vida, lo que genera un estado de soledad que pudiese desembocar en un  desencuentro y  donde se ve desgastado el vínculo amoroso. No obstante, puede tomarse este momento como oportunidad para re-descubrirse e ir recobrando la intimidad. Es la oportunidad de re-encontrarse en la pareja, replantear la relación, establecer nuevos acuerdos, recrear, renovar y  producir momentos que revitalicen la relación.




Recomendaciones:
1. Acompañar a los hijos en todo el proceso evolutivo, hacerlo brindará satisfacción.
2. Ver la emancipación de los hijos como una etapa natural de la vida.
3. Sentir orgullo  de haber cumplido con uno de los objetivos propuestos como familia: ser padre y madre.
4. Desarrollar y cultivar intereses personales simultáneos a la crianza de los hijos.
5. Prepararse para nuevos roles, donde su participación ocupe un espacio importante, bien sea en lo laboral o en lo familiar, quizá    desea emprender un negocio, recibir a los nietos o simplemente descansar.
6. Emprender nuevos retos profesionales o personales, individuales o en pareja.
7. Revalorizar y rescatar lo que significa la vida en pareja, encontrar puntos de unión, desarrollar nuevos espacios para compartir.

8. Establecer un nuevo modo de relación con los hijos.





9. Extender y profundizar relaciones sociales.
10. Participar en actividades novedosas y  planes con propósitos.
11. Disfrutar plenamente de esta nueva etapa.





Fuente: http://www.lavoz.com
(Adaptación realizada por el equipo de Tu terapia en línea)

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