07/07/2019 - Leído 82145 veces

NIDO VACÍO

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NIDO VACÍO


La expresión “síndrome del nido vacío” fue acuñada en la década de 1970 por Rose Oliver y hacía referencia al sentimiento de soledad y abandono que experimentaba la mujer que se dedicó con exclusividad a la crianza de los hijos y a ser ama de casa. Su aparición  se da cuando las mujeres comienzan a dejar sus casas paternas no para casarse, sino para prepararse e independizarse. Aquí se produce un gran cambio, porque en las décadas de 1940 o 1950, el paradigma de una mujer era casarse y tener hijos, a partir de los 70,  tener hijos ya no era lo único importante en la vida, comenzó a imperar el modelo de desarrollo integral de la mujer.

El síndrome del nido vacío se refiera fundamentalmente a la complejidad de emociones y sentimientos negativos que  pueden darse en los padres cuando los hijos se marchan del hogar. Sentimientos de tristeza, abandono, soledad, irritabilidad, inutilidad, hasta pérdida del sentido de la vida. Este fenómeno está atravesado por el contexto sociocultural y por la dinámica en la trama vincular de la pareja y familia.

Los hijos se apartan de la casa en pro del desarrollo personal, la madurez sexual, la independencia económica y el fortalecimiento de la personalidad. Y cuando ello acontece, los padres quedan con lo que se ha dado en llamar el síndrome del ¨NIDO VACÍO¨. En ese momento, una reacción posible sería la de sentir que ya se cumplió la misión de darles educación, crianza, casa, comida y mucho más. Pero el sentimiento puede ser más complejo. Cuando la crianza de los hijos es el único proyecto vital de la mujer o el hombre y cuando hay dificultades en el acompañamiento, en la evolución de los hijos, la ída del hogar irrumpe sorpresivamente como un acto de abandono, este síndrome puede ocurrir en forma simultánea con la aparición de la menopausia en la mujer o andropausia en el hombre y también con el acercamiento a la edad jubilatoria.

En la actualidad, la identidad de la mujer no está cimentada sólo en la maternidad, va mucho más allá, ejerce diversos roles que compatibilizan con su función materna y tiene más recursos para afrontar el síndrome del nido vacío y reducir su impacto, además, la crianza de los hijos es asumida hoy en forma más equilibrada por madre y padre, por lo tanto, si bien el síndrome predomina en mujeres también se da en hombres. Es clave contar con nosotros mismos y  buscar cuáles son las cosas que nos gustan, qué disfrutamos hacer y como dice la escritora Virginia Woolf, que encontremos nuestros ¨cuarto propio”.

Entre los síntomas que pueden aparecer tanto en la madre como en el padre cuando los hijos se marchan se encuentran: trastornos del sueño, irritabilidad o somatizaciones (cuando el cuerpo expresa las palabras no dichas). La partida de los hijos podría ocasionar una crisis en la pareja, sobre todo si se han privilegiado los roles maternos y paternos dejando de lado la relación de pareja.

Esta crisis puede verse como un peligro para  la pareja, ya  que ha dejado de tener su función exclusiva como padres,  experimentando erróneamente la sensación de abandono de los hijos que parten a hacer su propia vida, lo que genera un estado de soledad que pudiese desembocar en un  desencuentro y  donde se ve desgastado el vínculo amoroso. No obstante, puede tomarse este momento como oportunidad para re-descubrirse e ir recobrando la intimidad. Es la oportunidad de re-encontrarse en la pareja, replantear la relación, establecer nuevos acuerdos, recrear, renovar y producir momentos que revitalicen la relación.

Recomendaciones:

1. Acompaña a tus hijos en todo el proceso evolutivo, hacerlo te brindará satisfacción.

2. Alégrate por tus hijos, ve la emancipación de los hijos como una etapa natural de la vida.

3. Mantén la comunicación con tus hijos, sin invadir su espacio.

4. Siente orgullo de haber cumplido con uno de los objetivos propuestos como familia: ser padre y madre.

5. No crees un santuario en la habitación de tus hijos para recrearte.

6. Desarrolla y cultiva intereses personales simultáneos a la crianza de los hijos 

7. Prepárate para nuevos roles, donde tu participación ocupe un espacio importante, bien sea en lo laboral o en lo familiar, quizá deseas emprender un negocio, recibir a los nietos o simplemente descansar.

8. Emprende nuevos retos profesionales o personales, individuales o en pareja.

9. Revaloriza y rescata lo que significa la vida en pareja, encontrar puntos de unión, desarrollar nuevos espacios para compartir.

10. Establece un nuevo modo de relación con los hijos.

11. Extiende y profundiza relaciones sociales.

12. Participa en actividades novedosas y  planes con propósitos.

13. Disfruta plenamente de esta nueva etapa.

Fuente: LA VOZ

Adaptación realizada por el equipo de Tu terapia en línea


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