07/01/2019 - Leído 149472 veces

SOBRE EL AMOR

Depresión Divorcio Pareja Sexualidad

SOBRE EL AMOR


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Hoy, más que nunca, hablar del amor resulta un acto “subversivo”. Atravesar las fronteras de la pasión amorosa intentando superar el riesgo de caer en lugares comunes y avanzar en el sendero sinuoso de una disertación que se aleje del romanticismo, la cursilería y el folletín, supone una aventura temeraria en el anhelo de recuperar su esencia fundante y primigenia.


El discurso amoroso ha sufrido desde siempre de una anomia y un vacío en el pensamiento científico. Todos lo vivimos, lo disfrutamos y padecemos, pero sólo los poetas y filósofos han dedicado su tiempo para pensarlo y enaltecerlo. Su lugar, ha sido ocupado por temas como el erotismo, el deseo, la pulsión y la sexualidad; reducido a intrincados procesos químicos y fisiológicos, ha quedado arrojado a los linderos de la orfandad, enmudecido en los límites de la vergüenza y el anonimato. Pero ¿cómo redefinir el amor en momentos en los que se nos presenta vapuleado y subordinado a las urgencias del goce y la pulsión? ¿Qué decir del amor en psicoanálisis cuando éste ha sido desplazado y sustituido por otros saberes?


Los kioscos, la T.V, la radio, la prensa e internet están plagados de revistas, programas y artículos referidos a temáticas que, en clave de manual de instrucción, intentan dar solución a interrogantes y dudas respecto al sexo: cómo mejorar la performance en la cama, cómo satisfacerse y satisfacer al partenaire sexual y, en síntesis, cómo hacer el amor. Mientras tanto, la problemática del amor sigue sin aclararse. La pregunta sobre qué es el amor y cómo amar continúa sin ser respondida, aunque sea ella una de las principales razones por las que las personas demandan análisis y el extravío cope las asociaciones de nuestros pacientes. Paradójicamente, por muy libres y expertos que nos vayamos haciendo en el terreno erótico y en el conocimiento de nuestros deseos y preferencias sexuales, cada día sabemos menos sobre el amor. De allí, que es menester intentar una narrativa que redimensione su verdadero estatuto y le devuelva el valor perdido.


Barthes decía que el discurso amoroso era de ¨una extrema soledad, aunque hablado por todos, nadie lo sostiene, ha sido abandonado por los lenguajes circundantes, ignorado, despreciado o escarnecido por ellos¨


Freud, Lacan y otros psicoanalistas se ocuparon del amor. La clínica les demostró que en el síntoma se encerraba una larga historia de desencuentros y traumas amorosos: amores frustrados, desdichados, prohibidos, imposibles, desengaños, traiciones, desamores y fracasos.


Es así, como la relación primordial madre-hijo se fija como modelo para el resto de las relaciones futuras y como paradigma de todo vínculo de amor, es germen de sucesivas repeticiones (transferencia) que aspiran emular y reencontrar (en un afán imposible, tanto en su parecido como en sus contrastes) a aquella primera relación fusional perdida en la fantasía y en la realidad.  Afirmaba Kierkegaard: ¨la repetición es una esposa amada de la que nunca nos cansamos”, porque en la repetición se amalgaman goce y elaboración. Cuando uno ve por primera vez su objeto de amor, imagina que ya lo ha visto hace mucho tiempo, todo amor es reminiscencia.


La pérdida de la madre, como primer objeto de amor, es el primer duelo que sufre el ser humano, primero y necesario para su desarrollo como sujeto, autónomo, separado, listo en su capacidad para amar. La elaboración exitosa de los distintos duelos por los que atraviesa el individuo a lo largo de su existencia fortalecen su disposición innata a amar, confiar y creer en sí mismo y en las bondades de los futuros objetos amables. Pero el trayecto amoroso está lleno de escollos no siempre fácilmente superables.  


La entrada al Edipo, supone la elaboración del primer duelo, promueve el encuentro, la creación de una nueva dimensión amorosa que contrarresta los efectos del narcisismo, ofrece caminos nuevos por descubrir. En la libertad de elegir unos u otros, siempre se podrá arribar a un punto donde el amor sea la consecuencia del enamoramiento y la falta (ausencia) sea cubierta por algunos de sus subrogados. Existencia, sentido de sí e integridad, pueden ser unos de sus aliados. Hay pues una dimensión estética en el amor ¨es eterno mientras dura¨.


El amor es un milagro siempre, un brinco, una novedad, intemporal, aunque se haya amado mucho antes y se haya sufrido aún mucho mas.

 

Sodely Páez

Psicoanalista de Tu terapia en línea


 
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