30/04/2018 - Leído 42213 veces

LA BIPOLARIDAD: UN TRASTORNO, NO UNA ACTITUD

Depresión Trastornos de personalidad Tristeza

La bipolaridad: un trastorno, no una actitud


El trastorno bipolar es una enfermedad que puede afectar de una manera significativa el desenvolvimiento de una persona en sus entornos sociales, familiares y laborales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 60 millones de personas sufren esta alteración neuroquímica que alterna episodios de manía y depresión. Hacemos especial énfasis en “alteración neuroquímicia” porque no se trata de una actitud: se trata de una enfermedad.  

Existen varios síntomas que pueden indicar la presencia de este desorden; sin embargo, el más común es el cambio drástico del humor que muchas veces es malinterpretado como “exageración” del paciente. La persona que padece del transtorno bipolar puede encontrase en un estado eufórico y de alegría y en un momento determinado, repentinamente, pasar a un estado de profunda tristeza.

La depresión es uno de los rasgos más comunes de los afectados por este trastorno: sin ninguna razón en particular pueden sentirse abrumados por profundos sentimientos de tristeza.

Otro síntoma es la irritabilidad, tanto en consigo mismo como con los demás, y la incapacidad de concentración: cambios de temas de manera brusca y la imposibilidad de terminar proyectos o tareas debido a la constante dispersión de la atención.

La alteración de los patrones de sueño también es un indicio de la enfermedad: se puede sufrir de sueño excesivo o, lo contrario, de insomnio durante muchos días, lo que puede empeorar la condición de maníaco-depresivo de la persona que padece del trastorno.

Cuando se trata de bipolaridad, es sumamente importante detectarla, tratarla e iniciar una ardua tarea de concienciación, pues puede afectar el desenvolvimiento diario y, además, puede generar en el entorno un escenario de incomprensión por desconocimiento de la enfermedad.

El trastorno bipolar puede estar determinado por varios factores: biológicos, genéticos, sociales, medicamentos y nuestro propio entorno y contexto. La combinación de estos elementos puede desencadenar la aparición de la enfermedad.

La mejor forma de tratar la bipolaridad es, ante todo, reconocer su condición como enfermedad y diagnósticarla para poder superar y controlarla con un tratamiento farmacológico adecuado, sumado a la psicoterapia. Eliminar el estigma es el segundo paso: pues con el control debido, la persona puede llevar un estilo de vida completamente normal.

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