20/03/2017

EL DIVORCIO Y LOS MÁS CHIQUITOS: CINCO RECOMENDACIONES

Divorcio/separaciones/rupturas Desarrollo infantil

EL DIVORCIO Y LOS MÁS CHIQUITOS:

Cinco recomendaciones

El divorcio es una experiencia de vida que puede provocar en toda la familia y especialmente en los más pequeños, diferentes reacciones y sentimientos: negación, conmoción, tristeza, frustración, rabia, preocupación, inseguridad y miedo. 

Puede que, inmersos en nuestra propia crisis, no lo tengamos claro, pero el divorcio de sus papás les va exigiendo a los hijos enormes habilidades de adaptación, de afrontamiento del estrés, de tolerancia y flexibilidad; habilidades que quizás –según su edad- no han tenido oportunidad de desarrollar 

¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños en caso de divorcio?

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Explicarles lo que está sucediendo

No den nada por sentado. Los niños miran, escuchan, “registran” todo lo que sucede a su alrededor. Son grandes observadores… pero no siempre pueden integrar y comprenderlo todo. Merecen respeto. 

Así que considérenlos parte activa de la familia y cuéntenles, con palabras sencillas, lo que realmente está pasando y lo que va a pasar a corto y mediano plazo. No es recomendable, en un inicio, hablar de nuevas parejas o nuevos proyectos de vida. 

En general, esta situación implica una pérdida importante para los chiquitos. Así que vayan poco a poco. Ya habrá tiempo para que comprendan y acepten el transcurso de las cosas.

Procuren mantener las rutinas y preservar lo cotidiano

Mientras se define el panorama de la separación y los términos del divorcio, traten de reducir al mínimo la alteración de las rutinas cotidianas del niño. Háganlas fáciles. No las impidan o dificulten. 

Que prevalezca el bienestar de los hijos, no la conveniencia de los adultos. 

Esto se dice fácil: pero resulta difícil de cumplir. Es bueno que los papás comprendan que la estabilidad y tranquilidad en rutina y formas, se traduce en estabilidad emocional y en la reducción del miedo en los pequeños. Si se ha definido un nuevo esquema de actividades, visitas o salidas, manténganlas sin conflicto, para que los niños se acostumbren a su nuevo horario.

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Respetar la imagen de la ex-pareja

No se expresen de manera negativa acerca del otro: prescindan del resentimiento y la tendencia a echarle la culpa, frente a los niños. No hagan inventarios de aquello que el otro no hizo, sintió, pensó o decidió. Todo lo que no pasó… no existe. Desechen lo inútil. No ayuda. 

En cambio, lo que sí es útil, es negociar con calma todos los aspectos de la separación y de la crianza de los hijos. Si es necesario, busquen ayuda de terceros (o ayuda profesional) para hacerlo de la manera menos hostil posible. Eviten a toda costa que el niño sea el receptor del malestar de alguno de los padres o de ambos. Y por favor, no los “usen” como mensajeros. 

Llevar y traer las opiniones o peticiones de sus padres, los hace parte de ellas y así, les hace sentir culpa u otros sentimientos negativos. Es una carga muy pesada para sus espalditas.

Mantener la calma y el trato cordial

Protéjanse sobre todas las cosas, de episodios de agresión física entre sí. No hay maneras “suaves” o menos graves.  No hay formas que se justifiquen en medio de las crisis. Hay que mantener los conflictos, peleas, discusiones, comentarios sobre las razones y aspectos legales del divorcio, al margen de los hijos. Eviten gritar, sostener llamadas telefónicas acaloradas o reacciones fuertes de ira, sobre todo, si ellos están presentes.

Ser padres ante todo


Siga de cerca la vida de sus hijos.
Más allá de las causas o el papel particular que cada uno de ustedes tenga en el conflicto, sean empáticos con sus sentimientos: Recuerden que ambos son importantes para ellos. Escúchenlos, traten de comprender sus reacciones de apego, tristeza o irritabilidad. 

Esta puede resultar una de las partes más difíciles: No se molesten por ellas. Ayúdenlos a canalizarlas de manera positiva, sin esperar que reproduzcan sus sentimientos o comportamientos hacia el otro. Está muy bien que los papás busquen el soporte de amigos,  familiares, psicólogos u orientadores de algún tipo. 

No busquen apoyo en su hijo. 

Los pequeños atraviesan su propio proceso emocional. Que no les pese más de la cuenta todo aquello que es parte de la historia de la pareja,  para que puedan –con la orientación que sea necesaria, pero positivamente- escribir su propia historia familiar, como hijos y más adelante, como futuros adultos.

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Irene Ladrón de Guevara J.

Tw: @infanciaenmas

IG: @iladrondeguevaraj













 
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