23/10/2017

MUERTE Y DUELO EN LOS NIÑOS

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MUERTE Y DUELO EN LOS NIÑOS

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Con frecuencia cuando hay una muerte cercana a un niño la gente me pregunta: ¿Cómo se lo digo? Y yo les respondo: no hay forma de que una noticia tan dolorosa no duela y no afecte, es inevitable. Pero lo más importante es que ante tanto dolor, el niño no pierda la confianza en sus afectos más seguros y cercanos, y tenga la certeza de que le dicen la verdad y lo van a acompañar en ese momento doloroso.

Hace un tiempo un niño de 10 años que perdió a su madre enferma de cáncer dos años atrás, me decía con mucho dolor. "¿Por qué no me dijeron que íba a morir? Ellos lo sabían",  eso le generaba  mucha rabia y se sentía muy vulnerable.  Posiblemente le dijeron alguna vez que íba a morir, sin embargo, esta familia no se permitió elaborar emocionalmente el proceso, la enfermedad, ni el duelo, no se hablaba del tema, de lo que eso les hacía sentir, todo lo cual hizo que el niño se sintiera engañado.

En una oportunidad ví a un niño cuyo padre le había informado  que estaba enfermo e íba a morir. Ambos hermanitos de 8 y 13 años tuvieron la oportunidad de despedirse de él en su lecho de muerte un día antes de fallecer, fueron al funeral, se despidieron en el ataúd, colocaron las cenizas en el nicho, participaron del novenario, es decir, realizaron todos los rituales importantes y necesarios para elaborar el duelo más fácilmente. Sin embrago, a los pocos meses, el niño de 8 años lloraba, y en su dolor le reclamaba a la madre diciendo: "Yo no sabía que íba a morir".  Por supuesto que lo sabía, pero este sentimiento es normal en un duelo. Un año más tarde, fallece el tío paterno  y el niño de 13 años le dice a la madre: "Si no hubiera visto a mi tío en el ataúd no hubiera creído que murió, ahora se que tú te puedes morir también". Este mismo joven pierde a su abuela materna a los 16 años y dice a su madre: "Ya veo la muerte como algo natural", sin embargo, lloró mucho en su funeral. Entiende la muerte como parte de la vida luego de tantas pérdidas pero no deja de doler.

Con estos ejemplos observamos lo importante que es decir la verdad a los niños y hacerles partícipe de los rituales, siempre y cuando quieran asistir y deseen estar presentes. Incluso, es conveniente explicarles qué es lo que van a ver para que puedan tomar la decisión. Esto lo sugiero aún cuando el niño sea pequeño. He observado como bebés hacen cambios conductuales ante duelos porque  su inconsciente capta lo que está pasando. Así que es muy importante que los adultos significativos entiendan y acepten que ese niño también debe estar informado y desde su comunicación inconsciente ayudarlos a elaborar el duelo. No negarlo como que si nada estuviera pasando. 

ImageUna vez ocurrido el evento, algunas personas evitan hablar del fallecido delante de los niños, quitan fotos, etc.  Lo que se observa en el duelo es que se necesita hablar de lo que ocurrió, del que se fue, aunque lloremos. Justamente es lo que necesitamos hacer! Llorar juntos quienes lo amábamos. Por lo tanto, los niños tampoco están exentos de esto.

En ocasiones los familiares se preocupan porque el niño no ha expresado nada y está cerrado, y cuando analizamos el entorno nos damos cuenta que los adultos evitan expresar sus emociones para que el niño no los vea llorar. Como consecuencia, el mensaje que recibe el  niño es que tiene que ser "fuerte" y que está mal expresar su rabia o su tristeza; incluso a veces sienten que no pueden expresarlo porque deben proteger al adulto cercano que se encuentra "contenido". Esta situación ocurre porque a través de la comunicación inconsciente ellos captan el dolor de los adultos.

¨Es muy diferente como los niños viven los duelos a como lo viven los  adultos¨

Los niños pueden estar muy tristes en un momento y a los pocos minutos estar felices, como si nada.  Los adultos quizás nos quedamos con una tristeza más sostenida en el tiempo. Por eso, los niños quieren seguir haciendo su vida normal mientras que al adulto le cuesta más. Sin embargo, esto no quiere decir que el dolor no está ahí, pero lo podemos observar en otros síntomas: enuresis, dificultad para dormir, bajo rendimiento, aislamiento u otras conductas regresivas. 

Siempre digo que los duelos son momentos para "arrecochinarse" en familia y se debe permitir. Entonces quizás los dejamos dormir con los padres, pero por un tiempo, para no afectar su seguridad ni generar dependencia.

El concepto de la muerte va variando en los niños según la edad.  Una manera de explicarlo es a través de la muerte de animales y plantas, otros seres vivos que ellos pueden observar cómo mueren.

Describo a continuación unas edades referenciales:

.Hasta los 2 años desconocen el concepto de la muerte, sin embargo perciben la ausencia y que algo pasa en la familia. Manifiestan el duelo a veces con llanto, irritabilidad e inquietud.

.Entre los 3 y 5 años ya entienden que la persona no está, pero cree que volverá, dado su pensamiento mágico y gran mundo de fantasía. Hacen preguntas acerca del cielo, si el fallecido puede escucharlo, entre otras.

.Entre 6 y 8 años entienden un poco más el concepto de muerte y que la persona no volverá, pero le pasa solo a algunos. Comienza a surgir más miedo a la muerte, temor a que los padres mueran o envejezcan.

.A partir de los 9 años entienden la muerte igual que un adulto, en el sentido de que es irreversible y universal. Nos pasa a todos pero es lejano para ellos. Puede ser asociada a un castigo por mal comportamiento. En ocasiones, puede costarle hablar del tema y apegarse al sobreviviente.

.En la adolescencia ya se percibe más cercana, sin embargo, dada la omnipotencia propia de la edad, pueden hacer cosas de riesgo porque la muerte le puede pasar a otros menos a ellos, como si fueran inmortales.

.En la medida que el niño es más grande va a llorar más ante el duelo. Podría llegar a mantener la fantasía de que el fallecido volverá, pueden escribirles cartas o hacerles regalos; y luego sentirse muy tristes porque se dan cuenta que la fantasía no se hará realidad.

.El duelo se reactiva en fechas importantes y se pueden notar cambios de conducta. Se puede llamar a esto el "efecto aniversario¨ y también se reedita el duelo cuando ocurre otro duelo de alguien cercano o en circunstancias similares.

La muerte de alguno de los padres es lo más difícil para los niños, deja un vacío que no puede llenarse, genera rabia, dolor y hasta sentimiento de abandono. El papel más difícil es para el progenitor que sobrevive ya que tiene que lidiar con su propio dolor  y el de sus hijos, pero es con ellos que va a hacer equipo para sobrellevar esta circunstanci, ayudándose para transitar por este duelo sin que necesariamente se convierta en una tragedia.

Siempre me preguntan si el niño debe ir a terapia. No está de más, quizás el criterio a tomar en cuenta para ir a terapia es que muestre algunos de los síntomas mencionados anteriormente. Considero que es más importante que el adulto con el que viven o la figura cercana de apoyo y contención sea quien reciba acompañamiento terapéutico.

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Gioconda Colmenares


Psicóloga de Tu Terapia en Línea


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