31/10/2017

MIGRACIÓN Y FAMILIA

Procesos migratorios

MIGRACIÓN Y FAMILIA



Emigrar es un proceso complejo que provoca gran movilización emocional desde el momento en que se toma la decisión, pues implica una serie de etapas que demandan, además de valentía, mucha planificación, constancia, persistencia y capacidad de adaptación. Pone a prueba nuestros mejores recursos para afrontar los múltiples desafíos que en el día a día se van presentando, siendo necesario manejar los sentimientos de pérdida y la ansiedad que provoca el dejar todo lo que hasta el momento constituyó el marco de referencia de lo cotidiano, de lo conocido, para insertarse en una situación totalmente nueva. Se debe lidiar con el temor y la incertidumbre implícita en la novedad y abocarse al gran reto de adaptarse efectivamente al nuevo país, manteniendo la propia identidad, las propias raíces y el simbolismo de lo que se es. Esto exige recurrir a lo mejor de cada uno, con todos los aspectos sanos y funcionales de nuestra personalidad.


El primer punto a considerar es la salud emocional de los padres. Es fundamental que ustedes, papás, mantengan siempre en mente la necesidad de manejar efectivamente la ansiedad que todo esto les provoca, a fin no solo de tomar decisiones asertivas, sino de ofrecerles contención y seguridad a sus hijos. En la medida en que ustedes se preserven, cuidando de su salud física y emocional, controlando la mayor cantidad de variables posibles, manteniendo una actitud optimista, donde la apertura y la flexibilidad frente a los cambios destaquen, y la capacidad de disfrute y alegría en el núcleo familiar se hagan sentir, en esa misma medida sus hijos estarán mejor.


La primera etapa del proceso supone, además de un arduo papeleo, un proceso de cierre de muchos aspectos: personales, laborales y materiales, que es necesario dejar atrás, lo que resulta muy doloroso. Para enfrentar esto con éxito es necesario que mantengan sus objetivos “en mente” y recuerden que ésta es una decisión que ustedes tomaron y toda decisión implica renuncias, pero también nuevas experiencias de vida y nuevos aprendizajes. En esta etapa la clave es organizarse y dedicar tiempo suficiente al disfrute de todo aquello que se ama en su lugar de origen: sabores, olores, paisajes, lugares, rutinas y sobre todo de sus afectos. Dedíquense a vivir, con intensidad, y guarden toda esa experiencia lo más detalladamente posible en su memoria, pues luego la van a recordar, primero con dolor, después con nostalgia y luego con una profunda satisfacción por lo vivido y por aquello de donde se viene y por lo que se es.


Háblenles a sus hijos del nuevo proyecto de vida que están construyendo para la familia, utilizando un lenguaje acorde y ajustando el nivel de profundidad de la explicación a la edad de cada uno. Cuéntenles del lugar al que irán, del por qué lo escogieron, de las ventajas de las que disfrutaran allí y también de los desafíos a los que deberán enfrentarse, siempre desde la certeza de que juntos, como equipo, los irán afrontando y solventando con éxito. Esta es una excelente oportunidad para compenetrarse más como familia y para potenciar los recursos de cada uno de los miembros.


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Llegado el momento de partir, afróntenlo con fortaleza, concentrándose en el proyecto de vida por construir. En esta etapa, la clave está en asumir una actitud optimista y flexible ante los cambios que se producirán a todo nivel, ante la necesidad de ajustarse a la nueva sociedad que los acoge. Deben tener claro que son ustedes, como emigrantes, los que tiene que adaptarse y no esperar que sean las personas del lugar los que se adapten a ustedes. Eviten hacer comparaciones entre su país y el país de acogida, son países diferentes y culturas distintas, el hacerlo solo entorpece el realismo de las  expectativas y con ello su sensación de bienestar cotidiano y su adaptación en general.


Especial cuidado deben tener al tomar decisiones con respecto al colegio de los niños, el cual debe ajustarse tanto al proyecto de familia que ustedes construyen como a las necesidades particulares de su hijo como aprendiz. Una vez elegido, cada niño necesita del apoyo de sus padres, especialmente mientras supera su reto más difícil, que consiste en incorporarse a un grupo de pares que ya está previamente formado, en el que se manejan códigos de relación probablemente diferentes a los que él conoce. Escúchelo, déjelo expresar sus temores y sentimientos, en estos momentos es cuando la comunicación es especialmente importante. Garanticen comunicación directa y positiva con la maestra del aula y promueva el que su hijo invite a casa a aquel niño con quien parece tener más afinidad en el salón a fin de fortalecer esa relación.


Es fundamental  tratar de establecer redes sociales lo más pronto posible. En la medida en que se den la oportunidad de conocer y relacionarse con personas del lugar de acogida, aproximándose con apertura, espontaneidad y actitud respetuosa, en esa misma medida aprenderán rápidamente todo lo necesario para lograrlo. Un sistema familiar abierto y vinculante favorece el  proceso de adaptación general de sus miembros.





Por último, aunque es parte de lo más importante, aprovechen las ventajas del mundo tecnológico y globalizado de hoy, comunicándose frecuentemente con familiares y amigos, esto permite mantener el contacto y cultivar los afectos a pesar de la distancia.  Sin embargo, en esto, como en todo en la vida, no se extralimiten pues en exceso podría obstaculizar la adaptación en su nueva vida. Emigrar, aunque difícil, puede ser también una oportunidad para reeditar y construir un proyecto de vida renovador y esperanzador.


Dora Vera de Restrepo

Psicóloga de TTL



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